
[Finalizado el 28 de abril de 2009]
Esto fue un hallazgo, la verdad. (Sacamos un cigarro imaginario, lo encendemos con un zippo inexistente, e imitamos el sonido de máquina de escribir al tiempo que tecleamos en el portátil) Corrían aquellos tiempos en los que yo estaba en Turku de erasmus, y cayendo en pascua, decidí personarme en Estocolmo para un rendez-vous con mis progenitores y mi coprogenitada, léase mi hermana.
Para ello debía de coger un ferry, sobre las 8 AM, que después de unas, a grosso modo, 11 horas, me dejaría en el mismísimo puerto de la ciudad. Mas tarde, al llegar allí me di cuenta que eso no tenía nada de extraordinario, pues aprendí que dicho "ferry" era una máquina que iba por el agua y que lo extraordinario sería que me dejase en la estación de metro de Gamla Stan. Una vez asumido este conocimiento, y con un bagaje de viaje consistente en una larga sesión de lectura con nuestro drogadicto preferido, Phillip K. Dick, cogí mis bártulos y miré el mapa que me había hecho en aquel kebab fosilizado que me había encontrado el día anterior (en este momento aparece en la habitación un hombre que dice llamarse William Lee, conocido como Lee el agente. Se tumba en la cama y se dispone a trajinarse drogas varias. Me pongo unas gafas sin cristales y sigo escribiendo).
Pues bien, tras el consabido encuentro familiar y tras comilonas en lugares aparentemente aleatorios, pero que a mí no dejaban de escamarme ciertas coincidencias, mi hermana decidió tirar cierta dosis de un compuesto somnífero en los cafés de mi padres. Al ser demasiado conservadora, lo único que consiguió fue contrarrestar la dosis de cafeína a los bebercios, consiguiendo, sin embargo, el efecto deseado al manifestar los progenitores cierta apetencia de siesta, tras lo cual corrimos en el primer callejón que encontramos cual animalicos bajo esteroides (Lee me cuenta entre espumarajos una historia sobre él y un tal Dean Moriarty en un bar de carretera en el que sólo servían whisky).
Tras nuestra escapada, decidimos dejar un rastro de cadáveres para disuadir a posibles perseguidores. Una vez estuvimos seguros de lo dicho, nos dispusimos a pasear por callejuelas, siendo nuestra suerte el dar con un mercado de segunda mano, en el que entre muchas cosas me encontré con el ejemplar del que nos ocupamos en la presente entrada. Se trata de una versión editada por un tal Martin Gardner, con muchos comentarios y explicaciones sobre las múltiples referencias y dobles sentidos. (Nube de humo de cigarrillo imaginario, o del porro que se acaba de hacer Lee, ya es imposible distinguir qué es qué)Dentro del libro, entre las páginas, hallé lo siguiente:

Una nota manuscrita y un trozo de un billete de avión de la difunta Eastern Airlines (cerró en 1991). El billete me interesó sobremanera. Como soy un hombre de mundo, con facilidad entendí que se trataba de un billete que iba de New York (JFK) a Orlando (MCO). Y que suponiendo que el avión aterrizase, el libro había hecho un viaje hasta Estocolmo de unos cuantos pares de cojones. La nota manuscrita rezaba algo así como: "Many thanks for your kindness (and your very good memory) to send me your ... We have had the ---- rainy --- in -----" Tiempo más tarde llevaría dicho papel a especialistas, que me sugirieron cosas como asuntos de drogas, orgías y tratos con extraterrestres. Hoy día me sigue intrigando.
(Lee, que hace un rato se había convertido en un capullo, el de los gusanos, no los de la tele, eclosiona y surge formando una mariposa con los colores de Estados Unidos aunque desteñidos. Abro la ventana y le dejo salir) En un principio entendí que lo que aquel libro quería decirme es que viajara al pasado y subiese a ese avión para arreglar la historia de amor interracial entre dos almas afines, para luego continuar mi vida a lo Salto Cuántico, pero luego me di cuenta de que mi imaginación se veía exacerbada debido al subidón de adrenalina producto de la matanza reciente.
Así que saqué mi cartera y pagué el importe requerido al librero/vendedor de productos informáticos obsoletos. No sería aquel día en el que resolvería el misterio de la nota y el billete de avión, pensé mientras arrastraba mi raída gabardina en dirección al hotel en compañía de mi hermana.
El libro está muy bien(en serio).